corbata



La corbata es un complemento de la camisa, que consiste en una tira, generalmente hecha de seda o de otro material que se anuda o enlaza alrededor del cuello, dejando caer sus extremos, con fines estéticos. Su nombre viene del italiano, corvatta o cravatta, derivado de “croata”. El origen data del año 1660, cuando los jinetes del ejército croata usaban pañuelos de colores al cuello.

Los Egipcios de las clases pudiendes solían anudarse al cuello un pedazo de tejido de forma triangular, y los legionarios romanos llevaban algo similar a la corbata, llamada ‘focale. En la buena sociedad según Seneca, Quintiliano y Orazio, se podía considerar un riesgo dejar el cuello descubierto, así que el ‘focale’ lo llevaban las mujeres, las personas que tenían problemas de salud y los oradores, para proteger sus cuerdas vocales.

La fecha de nacimiento de la verdadera corbata se remonta a la segunda mitad del siglo XVII, con la llegada a Francia de los mercenarios croatas. Con su traje tradicional llevaban un pedazo de tela blanca, que llamaban ‘hravatska’. La anudaban formando una rosita y dejando colgar las extremidades encima del pecho. La ‘croatta’ les gustó mucho a los franceses que la adoptaron y la difundieron en todo el mundo.

Hacia el final del siglo XVII se impuso la costumbre de anudar suavemente la corbata al cuello, con las dos extremidades enhebradas en un ojal de la chaqueta o fijados con una broche. Durante la revolución francesa, la corbata se volvió un verdadero ‘status-symbol’ y por primiera vez adquirió un valor político: el revolucionario la llevaba negra, mientras el contrarevolucionario se la ponía blanca.

Vino, luego, el momento de los ‘incroyables’, gente elegante y extravagante cuya corbata tenía enormes dimensiones y llegaba casi a esconder la barbilla y el labio inferior. Fué importante en este periodo la persona de Lord Brummel que para anudarse su corbata necesitaba la ayuda de dos mozos. Él mismo introdujo el empleo del almidón, para que mantuviera su rigidez. En los primeros años del siglo XIX la forma de la corbata empezó a acercarse a la actual, aunque fuera más voluminosa y existieran sólo tres colores: gris, negro y blanco. La moda había empezado a homologarse con algunas excepciones como el tipo ‘lavallière’, caracterizada por dos partes iguales en ancho y largo, que se volvió el emblema de los artistas y de los revolucionarios.

Con la reducción de las dimensiones del cuello de la camisa, para anudar la corbata, se hacía un sólo giro alrededor del mismo. Fueron aquellos los años en los cuales la corbata se difundió en todo el mundo. Las más típicas eran el ‘nudo’ (o corbata larga), la ‘galla’ (o papillón) y el ‘plastron’ (ascot, o bufanda a la inglesa).

En época de Napoleón, éste llevaba siempre corbata negra con borde blanco, hasta que la mañana del 18 de Junio de 1815 decidió cambiarse de corbata, perdiendo ese día la batalla de Waterloo, según indica el señor Beausset, prefecto de palacio. A partir de este momento, el arte de anudarse al cuello un pedazo de tela se ha convertido en el signo más elegante de vestir del hombre. Ya en “L’Art De Se Mettre La Cravatte”, publicado en París en 1827 y atribuido a Honorato de Balzar, se pone de manifiesto la importancia de esa prenda, con la descripción de 22 maneras distintas de anudarse la corbata; por ejemplo Windsor (Inglés), Medio Windsor (Español),Four-in-Hand (Americano), etc.

Las precursoras de las corbatas tal y como las conocemos hoy día, son las que se usaban en clubes y colegios, por ejemplo, en 1880, los miembros de la Universidad de Oxford se ataban las cintas de los sombreros, alrededor del cuello. Así, el mismo 25 de junio de 1880, se creó la primera corbata del club, que confeccionara esta prenda con los colores correspondientes. De esta manera, la idea se fue propagando en los otros clubes, universidades y colegios.

La corbata moderna existe, en su forma actual, desde 1924, ya que alguien llamado Jesse Langsdorf, encontró una manera de cortar la corbata con el menor desperdicio posible de tela, y la solución fue trazar un ángulo de 45 grados en la trayectoria el dibujo. Además, la seda no la cortó en una sola pieza, sino en tres, que se cosían luego en otro proceso. Patentó su invento y más tarde lo vendió en todo el mundo. Hoy en día la mayoría de las corbatas se confeccionan de esta manera.

@LaHistoriaDe
Fuente: wikipedia | curiosidadesdelaciencia.com

Cuando la intelectualidad no sabe leer

Podríamos utilizar algunos interesantes adjetivos para calificar ciertos argumentos risibles que,  como muestra de coherencia,  nos aportan algunos círculos intelectuales dominicanos.

Inspirados mas por odio que por verdaderas razones de peso, algunos grupusculos de intelectuales dominicanos intentan tergiversar la realidad y hacernos creer que somos estúpidos.

Observamos con “ternura” como definen ciertos eventos para hacer creer que realmente sus conclusiones sobre la realidad actual es fruto de un verdadero acto de profundo pensamiento social y político.

Nada que ver. Sus conexiones, frustraciones y fracasos los definen de la mejor manera posible. Pretenden hacer creer que su visión horizontal de la época actual es lo mas parecido a la verdad. No saben o se hacen los que “no saben leer“,  que este es un tiempo dominado por elementos que provocan cambios rápidos y esto no ha permitido definir claramente cual es el camino a seguir o a combatir.

Dejamos atrás los combativos años 60 y 70, así como la perdída década de los 80. Estamos en una era marcada por la tecnología que hace un tanto complicado marcar ciertas rutas.

Hoy el poder se posee por razones muy diferentes a las décadas ya mencionadas.

Es una pena que “por no saber leer” estos intelectuales se hayan quedado atrapados en sus propias telarañas de mentiras.

Articulo de The Economist sobre los Dominico-haitianos

Por considerarlo de interes reproducimos articulo publicado en el sitio web de The Economist:

Dominican-Haitian relations

Stateless in Santo Domingo

Dec 16th 2011, 13:32 by D.R. | SANTO DOMINGO

LUISA FRANSUA sold clothes on the street to support her four children. Once they left home, she got a degree in educational psychology. But she has not been able to get a licence to practice her new profession, or renew her passport to visit her daughter in Germany. She was born in 1959 in the eastern Dominican Republic (DR), has never left her country, and her social-security card reads “Nationality: Dominican”. But the government now says she is a foreigner because her parents were Haitian.

For 75 years, the Dominican constitution granted citizenship to almost everyone born in the country. But since 2007 the government has sought to undo this legacy and annul the citizenship of people born to parents lacking legal residency, who are overwhelmingly Haitian. In October the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR) received 457 complaints from people who say they have been left stateless after being recognised as citizens for decades. Some 200,000 Dominicans of Haitian origin could be affected. The IACHR has already condemned the policy. But on December 1st the Supreme Court gave the new rule constitutional sanction by rejecting a Dominican-born man’s request for a birth certificate so he could move to Florida after marrying an American.

Ever since Haiti, fresh off its slave rebellion, occupied the DR from 1821-44, Dominican leaders have stirred up anti-Haitian sentiment for political gain. In 1937 the dictator Rafael Trujillo ordered a mass murder of Haitians near the border. Joaquín Balaguer, his successor as strongman, famously warned of a “peaceful invasion” from the west. Relations improved when the Dominican government sent plentiful aid to Haiti following its 2010 earthquake. But the death on December 4th of Sonia Pierre (pictured), a renowned activist for Dominicans of Haitian descent, has refocused attention on the DR’s citizenship policy.

The only exceptions to the DR’s longstanding birthright-citizenship rule were for children of diplomats and people “in transit”—classified in 1939 as those who spent no more than 10 days in the country. Yet in 2004 Congress redefined “in transit” to include everyone without legal residency. And last year a new constitution denied citizenship to children of illegal immigrants.

Most legal experts assumed the policy would only apply to future newborns. But four years ago the government began using the criteria for everyone, without any public announcement. In the DR, birth certificates are required for tasks ranging from buying a mobile-phone contract to attending school to getting married, and they expire after 90 days (making them a moneymaker for the state, which charges to renew them). People who had replaced their certificates numerous times were suddenly rejected, and sometimes told to get their documents from Haiti.

The Supreme Court’s approval means the policy is unlikely to be reversed soon. In theory, the government could pass a law stopping it from being applied retroactively. But Leonel Fernández, the president, won a close 1996 run-off by running a campaign (with Mr Balaguer’s support) that warned that his dark-skinned opponent—whose Haitian parents fled Mr Trujillo’s massacre—sought to reunite the DR with Haiti. The DR’s representative to the OAS insists “there is no discriminatory state policy” and that the country merely wants to “modernise and clean up irregularities in its civil registry system”.

Yet Dominican-Haitian advocacy groups insist they will regain their rights eventually. The followers of Ms Pierre—who herself faced a request to annul her birth certificate— protested on the steps of the Supreme Court a week after the ruling. At her wake, they spoke of lobbying the United States to pressure the DR to comply with IACHR rulings. At the very least, they have symbolism on their side. The only splashes of colour in the drab yellow room where it was held were the sashes on the flower bouquets, the rouge on Ms Pierre’s cheeks as she lay in state and the brilliant blue and red of the Dominican flag draped over the foot of her casket.

NOTE: The embassy of the Dominican Republic in the United States has written a letter in response to this blog post. Read it here.

La muerte de una heroína de carne y hueso o de papel?

Se apago recientemente una llama encendida. Para muchos un fuego de odio para otros un fuego de solidaridad. Soy de los que entiende que la pasión de su vida fue movida mas que por la solidaridad por el odio. Se cría en un hogar de inmigrantes ilegales o simplemente inmigrantes para que no me tergiversen el planteamiento esencial. Supongo que los vejámenes que marcaron su niñez y su adolescencia forjaron un carácter de mujer fuerte y luchadora. No puede decirse que lo se convirtió en adulta no fue el resultado de lo vivido en su niñez y juventud. Nuestro entorno marca nuestra personalidad.

Sus campañas y esfuerzos para defender a los desplazados y débiles la llevo a decenas de lugares en el mundo. Para muchos ese era su trabajo. Vivir de la defensa de los marginados. Para otros esa fue una honorable forma de ganarse la vida. Vivir y trabajar para los demás.Aunque al país que decía amar se encargaba de promocionar en el mundo que era una país de Xenofobos. Procurando con ellos que se impusieran sanciones que a la larga no perjudicarían a los de arriba sino a los que ella decía defender.  Ahora bien, algunas preguntas interesantes:

Porque nunca defendio los derechos de los haitianos que viven en Haiti?

Sólo los Dominico-haitianos tenían suficientes justificaciones como defenderlos en un país que no los queria?

Acaso era más rentable  defender los nacido aquí y no los que nacieron en su  Haiti?

Ttienen identificación todo niño Haitiano que nace en Haití?

Porque nunca se le conoció algun movimiento que luchara contra el desastre en que viven los relacionados con sus ancestros?

Entiendo que el odio fue lo que le dio fuerzas a esta mujer para defender derechos ciertamente provienen de limbos jurídicos por lo que los errores se pagan con sangre. Si no se cerro la puerta correctamente no podemos culpar a otros de esto. Así que los dominicos-haitinianos son una realidad pero que NUNCA debemos permitir que nos la impongan desde fuera. Deben ser integrados a la sociedad como un proceso natural no porque se pretenda resolver los problemas de otros.

Cuidado con hablar de minorías…que por ahí el camino es peligroso…